Cinco maneras de prevenir la lumbalgia

Siete de cada diez adultos desarrollarán dolor lumbar en algún momento de su vida. Aunque esquivar la estadística parece difícil, tomar en cuenta estos cinco factores te permitirán vivir una vida sin dolor de espalda baja.

Pero primero, un poco de contexto. La lumbalgia se expresa como “un dolor muscular hasta una sensación de ardor o dolor muy agudo o punzante”, según información publicada en el sitio web de Mayo Clinic. “El dolor puede propagarse por la pierna o empeorar cuando te inclinas hacia adelante, giras, levantas un objeto, te paras o caminas”.

Las causas de la lumbalgia son las enfermedades de huesos o músculos (no tumores ni cáncer), en un 90%, y enfermedades específicas, en un 10%, de acuerdo con el traumatólogo ortopedista Fernando Hidalgo. Entre esas se destacan distensión muscular o de ligamentos, daño de los discos, artritis y osteoporosis.

Ahora sí, estos son los cinco factores para prevenir el dolor de espalda baja:

Peso saludable.

El sobrepeso daña la espalda. Por ello es importante llevar una dieta equilibrada y una vida activa. Se recomiendan actividades aeróbicas de bajo impacto, como la caminata o la natación.

Ejercicio.

Desarrollar fuerza y flexibilidad muscular fortalecen el tronco. Disciplinas como el pilates se enfocan en estos objetivos sin causar daños a la columna.

Salud física y mental.

Realizarse controles médicos generales anuales para conocer el estado de salud general y tomar medidas en caso de que fuera necesario. No descuidar la salud mental. Las personas con depresión y ansiedad pueden tener mayor riesgo.

Tabaquismo.

Fumar provoca tos, y esto, a su vez, puede causar hernia de disco. Además, fumar reduce el flujo de sangre hacia la columna y aumenta el riesgo de osteoporosis.

Posturas.

Levantar objetos de forma adecuada, es decir, con la fuerza de las piernas y no de la espalda. Mantener una postura erguida, al estar de pie, y usar sillas ergonómicas si se pasa mucho tiempo en postura sentada.

El diagnóstico temprano adecuado y el tratamiento son importantes para evitar que el dolor se vuelva crónico. El tratamiento debe ser integral, incluyendo medidas farmacológicas y medidas no farmacológicas. El tratamiento farmacológico apunta a aliviar el dolor. En cuanto al tratamiento no farmacológico, el paciente será enviado a realizar terapias físicas y de rehabilitación, se les proporcionará información sobre los cuidados y se les sugerirá acceder a soporte emocional.